background image
La ruta para encontrar tu embarcación · México · 2005
Navegante
46
ser algo así en un lugar tan solitario. Al acercarnos a la
playa nos encontramos con una construcción de madera
con muy buen aspecto. Más tarde nos encontrábamos
platicando con el propietario, Nicho, quien no tardó en
ofrecernos un cuarto para pasar la noche, una buena
cena y regaderas con agua caliente, un oasis en medio
del desierto. Nicho´s Lodge es un exclusivo lugar para
amantes de la pesca. Se transportan en un gigantesco
vehículo anfibio con el que pueden adentrarse en la
laguna o recorrer cómodamente la playa.
Nos despertó el cocinero anunciando que el desayuno
estaba listo. No pudimos despedirnos de los que muy tem-
prano salieron a pescar, dimos las gracias a los presentes y
nos hicimos a la mar.
Sentí un movimiento a la izquierda, volteé la mirada
y busqué en la superficie del agua aquello que creí haber
visto. Estaba por convencerme de que había sido mi
imaginación cuando aparecieron varios delfines a unos
cuantos metros de mí. Eran de tono oscuro, más bien
pequeños. Volvieron a sumergirse para aparecer unos
metros más adelante, un instante después había cabezas
y aletas a ambos lados, todo un espectáculo. No estaban
siguiéndonos ni mostraban curiosidad por nosotros o
nuestras vistosas embarcaciones amarillas, simplemente
estábamos en su camino y los perdimos de vista unos
minutos más tarde. Probablemente no serían los mismos
pero casi todos los días gozamos de su compañía en algún
momento mientras navegábamos.
23 noviembre 2004. Campamento tortuguero.
Rancho Nuevo, Tamaulipas
No sé exactamente qué hora es, tal vez las cinco de la
mañana. Se escucha el golpear de las puertas azotadas por
el viento. Parece que al fin ha llegado ese norte tranquilo
que habíamos estado esperando para avanzar más rápido
rumbo al sur. Lo que parece que no aclaramos es qué tan
tranquilo es "tranquilo". Ese día tuvimos vientos de hasta
80 kilómetros por hora y olas de unos tres metros de altura
rompiendo en cualquier lugar mar adentro. El viento tenía
fuerza suficiente para arrancar de las manos la pala y
podías inclinar un poco el cuerpo hacia delante y quedarte
suspendido mientras tu kayak quedaba sepultado por la
arena en unos minutos.
Los demás habían decidido armar una vela y aprove-
char el viento. A mí me pareció que era demasiado vien-
to y opté por no formar parte del trimarán que se hace
cuando los tres botes navegaban unidos. La vela se arma
dentro del mar y, mientras la colocaban, la fuerza del
viento nos dispersó y no volvimos a vernos hasta unas
veinticuatro horas más tarde.
Podíamos haber estado del otro lado de la ola a sólo unos
metros y hubiera sido difícil encontrarnos. La navegación
con olas de ese tamaño, que pueden tomarte por sorpresa en
cualquier momento, exige una constante atención. En una
ocasión, estando a unos setecientos metros de la costa, bas-
taron tres olas que me tomaron desprevenido para arrojarme
a la playa como a un náufrago.